El acoso laboral conocido a través del término inglés mobbing: ‘asediar’, ‘acosar’, ‘acorralar en grupo’, es tanto la acción de un hostigador o varios hostigadores conducente a producir miedo, terror, desprecio o desánimo en el trabajador afectado hacia su trabajo, como el efecto o la enfermedad que produce en el trabajador.
Dicha violencia psicológica se produce de forma sistemática y recurrente a través de actos negativos y hostiles dentro o fuera del trabajo por parte de grupos sociales externos, de sus compañeros, durante un tiempo prolongado, a lo largo de semanas, meses e incluso años, y al mismo en ocasiones se añaden "accidentes fortuitos" y hasta agresiones físicas, en los casos más graves.
Para que se produzca una situación de mobbing o acoso laboral, es preciso:
- Que el acoso laboral sea sistemático y prolongado. Es decir, que la actuación del acosador sea continua y reiterada, no basta con un hecho aislado.
- Que la actuación del acosador sea hostil. Es decir, que el acosador realice actos que atemorizan al trabajador (gritos, enfados, ridiculizar al trabajador, desprecio...).
- Que la finalidad sea poner en peligro o perjudicar la integridad del trabajador.
Tipos de mobbing
El mobbing o acoso psicológico laboral está constituido por todas las prácticas realizadas por uno o varios individuos destinadas a generar malestar en la persona que las recibe (la víctima). Estas conductas se desarrollan siempre de manera continuada dentro de un entorno laboral y se producen en situaciones en las que la víctima no tiene la capacidad, por el motivo que sea, de defenderse de ellas. Por ello, podemos valorar como mobbing desde acciones como humillaciones y vejaciones hasta presiones.
Dependiendo de la posición jerárquica, existente entre el acosado y el acosador, el mobbing se puede clasificar de dos maneras:
- Mobbing horizontal. Este tipo de mobbing se caracteriza porque el trabajador recibe una violencia psicológica injustificada por parte se sus iguales, el acosador y la víctima se encuentran en el mismo rango jerárquico.
- Mobbing vertical. Existen dos clases de mobbing vertical: ascendente y descendente.
Mobbing ascendente. Este tipo se produce cuando dos o más personas realizan diferentes acciones sobre una persona de mayor rango jerárquico en la organización.
Mobbing descendente. También llamado bossing, del inglés boss, jefe). Es el tipo más habitual. El trabajador es victima de sus superiores.
Consecuencias del mobbing
El mobbing afecta no solo a la salud física de la víctima, sino también en su salud psicológica y emocional. Puede provocar, además, que la persona comience a realizar sus tareas profesionales de manera negligente, afectando a la calidad de su trabajo y a su productividad, y que aumente su absentismo debido a la mala situación que vive en el entorno laboral. Otras consecuencias que pueden derivarse del mobbing son las siguientes:
- Desarrollo de sintomatología o trastornos de índole psicológica: alteraciones del estado de ánimo (depresión, ansiedad), trastornos obsesivos, trastorno bipolar...
- Puede dar lugar a autolesiones, intentos de suicidio o consumación del mismo en los casos más graves.
- Sentimientos de impotencia y desorientación.
- Baja autoestima a nivel profesional y personal.
- Marginación y aislamiento de la víctima dentro del entorno laboral.
- Desarrollo de conductas perjudiciales para la salud, como el consumo abusivo de alcohol, tabaco o drogas en un intento de sobrellevar la situación y/o disminuir la afectación psicológica.
- Problemas de salud como la hipertensión, trastornos dermatológicos o digestivos, entre otros.
- Deterioro en el ámbito social y/o familiar de la víctima: conflictos familiares, empeoramiento y disminución de vínculos afectivos, aislamiento...
Etapas del mobbing
Podemos diferenciar cuatro etapas en el desarrollo del mobbing:
1. Se produce un incidente crítico que da lugar a que comience el acoso hacia la víctima. La víctima no suele actuar en un primer momento, ya que cree que en algún momento esta situación terminará. En esta etapa es en la que comienzan a aparecer las primeras consecuencias del acoso en la víctima, como preocupación excesiva, ansiedad o dificultades en el sueño y la alimentación. La víctima se centra además en que la situación tenga la mínima repercusión en su rendimiento laboral, en las relaciones con el resto de sus compañeros y en su puesto de trabajo.
2. En esta segunda fase se produce una persecución y un acoso sistemáticos hacia la víctima que poco a poco van aumentando de intensidad en un intento de amedrentar a la víctima e intentar demostrar su poder sobre ella.
3. Se produce un intento de intervención de la situación por parte de los superiores. Sin embargo, esta no tiene por qué ser efectiva ni suponer el fin del acoso, por lo que surgen entonces sentimientos de rechazo y marginación debido al aislamiento en el trabajo. A medida que el acoso continúa y los recursos de la víctima van disminuyendo, la preocupación de la víctima por su estado de salud va creciendo, y pueden comenzar a desarrollarse los primeros trastornos psicológicos, como trastornos de ansiedad, depresión... derivados del mobbing. Esto comienza a interferir, a su vez, en otros ámbitos de la vida de la víctima como puede ser el social o el familiar (mayor número de conflictos interpersonales, pérdida de vínculos a raíz de la situación y de la afectación psicológica de la víctima...), o, como ya se ha mencionado, el laboral (disminución y/o empeoramiento de su desempeño laboral, aparición de conductas poco apropiadas como el absentismo, bajas médicas...). Durante esta etapa, la afectación de la víctima acaba siendo total, y es necesaria una actuación por parte de la organización en la que se encuentra.
4. En esta última etapa, en caso de no resolverse el conflicto, el desempeño de la víctima y su salud física, psicológica y emocional comienzan a ser cada vez peor hasta que la situación se vuelve insostenible para la víctima y esta, finalmente, abandona su puesto de trabajo. En esta etapa, el estado de salud y la afectación psicológica empeora y las relaciones con los demás siguen sufriendo la interferencia de sus conflictos laborales.
Como actuar ante una situación de mobbing
Debido a que en ocasiones las organizaciones no actúan con la suficiente eficacia, la intervención desde la perspectiva de la víctima se centra en dos aspectos clave:
- La disminución y resolución del acoso por parte de la víctima.
Este se centra, sobre todo, en los recursos que la víctima puede obtener de forma externa a la empresa. Es decir, en el asesoramiento legal y laboral que la víctima puede recibir y que conlleva otras acciones como puede ser una denuncia legal por la situación vivida o el uso de dispositivos externos como sindicatos, asociaciones, Inspección de Trabajo...
Ante una situación de mobbing, normalmente es necesario iniciar un asesoramiento legal para poder solucionar la situación existente. En el proceso legal, suele ser de mucha ayuda la existencia de un informe pericial del estado emocional de la víctima.
En nuestros gabinetes desde hace años realizamos informes forenses tras un amplio análisis del caso con diferentes tests psicológicos de psicopatología general, así como también pruebas específicas de acoso laboral.
- Intervención sobre las consecuencias del acoso.
Por otro lado, la intervención psicológica en casos de mobbing debe realizarse en el momento en el que se detecta la situación, cuanto antes, ya que a medida que se desarrolla la espiral del mobbing, la víctima percibe en mayor medida sus dificultades, disminuyendo su percepción sobre los recursos con los que realmente cuenta.
Se centran en el restablecimiento de la salud de víctima y en la disminución de las consecuencias, sobre todo psicológicas, que la situación ha provocado. Para ello, podemos utilizar la terapia cognitivo-conductual, la cual puede ayudarnos a identificar y a modificar los patrones de pensamiento negativos derivados de la situación de acoso recibido.
Algunos aspectos a trabajar son:
- Técnicas de manejo del estrés, con las que se trabajan estrategias de afrontamiento que ayuden a la víctima a poder manejar situaciones de estrés, ansiedad o malestar derivadas del acoso.
- Técnicas de relajación.
- Autoestima y autoconcepto de la persona.
- Percepción de autoeficacia.
- Desarrollo de una comunicación asertiva, a través de la cual, la víctima sea capaz de establecer límites y expresar sus necesidades.
Aunque en ocasiones no se le dé la importancia que merece, las consecuencias del mobbing pueden llegar a ser devastadoras para la víctima en todas las áreas de su vida. A pesar de que la prevención en estos casos es de vital importancia el apoyo psicológico puede ayudar a superar esta situación.