Las separaciones y divorcios constituyen una experiencia vital estresante para una parte significativa de los niños/as y adolescentes. Las rupturas de parejas con hijos/as son un fenómeno socialmente relevante y estable. Según la Estadística de Natalidad, Separaciones y Divorcios (ENSD) del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 se registraron 82.991 divorcios, un 8,2% más que en 2023 (INE,2025). Estas cifras reflejan una realidad que exige dispositivos de apoyo eficaces para los niños/as y adolescentes y sus familias, especialmente en contextos de alta conflictividad Inter parental, principal predictor de un mal ajuste infantil (Fariña et al., 2017; Arce y Fariña, 2023).
Del estrés normativo al duelo y la resiliencia
La separación parental suele vivirse como un evento de estrés y duelo por la pérdida del núcleo familiar. Los efectos no dependen tanto del estatus legal (separación y/o divorcio), sino de variables como el nivel de conflicto, la calidad de la coparentalidad, la estabilidad de rutinas y los apoyos disponibles. Diversos estudios distinguen entre efectos transitorios (si´ntomas internalizantes/externalizantes) y trayectorias de ajuste resiliente, especialmente cuando hay mediación eficaz, regulación emocional y redes de apoyo.
Consecuencias en los distintos ámbitos del desarrollo
Emocional
En los primeros seis, doce meses es frecuente que aparezca; tristeza, ansiedad por separación, culpa y miedo al abandono. En adolescentes, puede aparecer ambivalencia afectiva e ideación negativa sobre el amor.
La persistencia de síntomas se asocia al conflicto crónico entre progenitores y a prácticas parentales inconscientes.
Conductual
Aumentan de manera temporal algunas conductas externalizantes (irritabilidad, desobediencia), se dan regresiones en niños/as y, en adolescentes, y puede aparecer consumo experiencial o conductas de riesgo, sobre todo en contexto de poca supervisión.
Este riesgo disminuye con acuerdos parentales claros y coherencia educativa.
Cognitivo
Cambios de domicilio o de centro escolar y las tensiones familiares afectan a la atención, el sueño y el rendimiento escolar. La coordinación familia-escuela y los apoyos de orientación educativa pueden estabilizan el desempeño.
Social
Pueden aparecer conflictos de lealtad, retraimiento y estigmatización. El uso de los niños/as o adolescentes como mensajeros entre adultos agrava el malestar, sin embargo, los vínculos con figuras de referencia (docentes, familiares) lo mejoran.
Familiar
La clave no es la “ruptura de la familia” sino la reorganización familiar. La coparentalidad respetuosa y funcional es el predictor más fuerte de un buen ajuste. Las disputas recurrentes y la instrumentalización de los hijos/as son factores de riesgo.
Familias reconstituidas: nuevos vínculos, nuevos retos
La convivencia con nuevas parejas y hermanastros/as puede conllevar complejidades como:
- Redefinición de roles (padrastros/madrastras), hermanastros/as).
- Reglas de convivencia en hogares múltiples.
- Gestión de celos, lealtades y vínculos previos.
Diversos estudios y guías españolas recomiendan no sustituir al progenitor no conviviente, respetar los tiempos de adaptación y fomentar espacios exclusivos con cada progenitor (UNAF, 2020; UNAF, 2022). El ajuste mejora cuando hay expectativas realistas, una comunicación gradual con la nueva pareja, la participación de los niños/as o adolescentes en las normas del hogar y espacios exclusivos con cada progenitor. La falta de reconocimiento de roles y comparaciones entre “hijos comunes” se asocia a tensión y peor clima familiar.
Factores moderadores
- Edad y etapa evolutiva: la comprensión del cambio varía según la etapa evolutiva. Los adolescentes muestran mayor sensibilidad a la incoherencia normativa y a la invasión de autonomía.
- Conflicto interparental: la alta conflictividad anuncia peores resultados emocionales y académicos; las intervenciones de coordinación y/o mediación reducen el riesgo (Fariña et al., 2017; AJI, 2024).
- Coparentalidad: los acuerdos específicos y estables sobre horarios y las decisiones sanitarias y escolares amortiguan el estrés y reducen la triangulación.
- Situación socioeconómica: la precariedad y los cambios de vivienda incrementan la vulnerabilidad. Sin embargo, los apoyos institucionales y las prestaciones familiares son protectores (AGE, 2025)
- Redes y escuela: la tutorización, orientación educativa y coordinación con servicios sociales mejoran la continuidad adaptativa.
Pautas prácticas para minimizar el impacto
A continuación, se muestran algunas pautas que pueden ser de utilidad para ayudar a minimizar el impacto de las separaciones parentales en niños/as y adolescentes:
- Explicar la separación de forma adaptada a la edad del niño/a o adolescente (sin detalles adultos), dejando claro que no es culpa de los niños/as.
- Mantener las rutinas y un calendario estable de estancias y cuidados.
- Evitar triangulación y el uso del niño/a o adolescente como mensajeros, ni para obtener información del otro progenitor.
- Establecer acuerdos coparentales escritos.
- Fomentar espacios exclusivos con cada progenitor.
- Activar apoyos escolares y emocionales, informando a los/as tutores/as y activando protocolos de apoyo emocional si hay señales de malestar.
- Involucrar redes familiares y comunitarias.
- Cuidar la comunicación digital entre adultos, evitando descalificaciones y “exámenes” tras las visitas.
- Derivar a intervención especializada ante síntomas persistentes o situaciones de riesgo.
El impacto de la separación en los hijos/as no depende únicamente del hecho de la ruptura, sino principalmente de como se gestiona. Los efectos emocionales, conductuales, familiares y escolares suelen ser transitorios, pero pueden cronificarse si existe alta conflictividad interparental, falta de comunicación o ausencia de apoyos adecuados.
En definitiva, acompañar adecuadamente a los hijos/as durante una separación parental no elimina el impacto, pero si lo reduce significativamente, promoviendo la resiliencia y un ajuste saludable en la infancia y adolescencia.